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LOS BRIDGERTON EL JUEVES SANTO

El Jueves Santo estaba viendo una procesión por el centro de Sevilla y vi al típico chaval (18 o 20 años, enchaquetado, con medalla de alguna virgen y bien peinado con gomina Giorgi) que se acercaba a saludar a uno de los nazarenos, que sería amigo suyo (o hermano, en el sentido más cofrade). Esto es normal: te acercas al nazareno conocido aprovechando que pasa por alguna calle tranquila, le preguntas si necesita algo, si está muy cansado y si acaso le cuentas que no parece que vaya a llover y la suerte que hemos tenido de que así sea, por entretenerlo un poco. Luego lo dejas seguir con sus cosas de la penitencia porque tampoco está bonito quedarse ahí de charla como si estuvierais en un bar.

Después de dos años sin Semana Santa, dos años que han sido tan intensos y tan distintos y que nos han cambiado tanto, es como que todo ha vuelto a la normalidad, pero no. Hemos retomado la vida, pero no. Somos los mismos, pero no. Y se nota en los detalles. Este chaval cofrade que se acercó al nazareno que sostenía el cirio mientras acompañaba a la Virgen de los Ángeles, lo primero que le dijo fue: “¿has visto ya los Bridgerton?”, a lo que el nazareno contestó algo en voz baja que no oí por el antifaz, y entonces el de la chaqueta azul: “¿cómo no vas a saber lo que son los Bridgerton?” La calle iluminada únicamente por los cirios y la banda de cornetas y tambores que ya se oía a lo lejos. Pero los Bridgerton qué.

Los Cristos, las Vírgenes, la Semana Santa y Dios muy bien, llevábamos dos años esperándolos y ahora que los hemos recuperado el mundo se ha vuelto a poner en marcha. Pero, ah, amigo, hay otras cosas que se han colocado por encima en este tiempo. Las series han estado ahí cuando no había ni Semana Santa ni Navidad ni nada. Dios no siempre ha estado con nosotros en este tiempo de pandemia pero las series han estado ahí como un clavo día y noche secando nuestras lágrimas y dándole esperanza a nuestra desesperación cuando ni él podía hacerlo, acompañándonos como si el mundo se estuviera acabando y solo quedaran vivos Michael Scott, los Bridgerton y tú. A Dios le han comido terreno en lo de la omnipresencia. Me la suda que lleves doce horas de penitencia descalzo sujetando un cirio acompañando al Cristo de la Fundación, ¿cómo coño no vas a saber quiénes son los Birgenton? Están en el número dos en Netflix.

Llevo tiempo pensando esto: donde más vamos a percibir los reductos de la pandemia incluso años después de que se dé por terminada es en las charlas cortas. Y, sinceramente, el mundo de las charlas cortas venía años pidiendo a gritos que se le diera una vuelta, que se pusieran nuevos topics sobre la mesa. Se acabó hablar del tiempo, bienvenidos a la era de los Bridgerton.

Y, como nueva cosa guay a la que engancharse en estos tiempos para mantener la fe y confiar en que tiraremos palante, no puedo esperar a ver cuáles son las próximas consecuencias sutiles que la pandemia tendrá sobre nosotros y qué nuevos matices arrojará sobre esta sociedad que ya estaba un poco viciada, la verdad. Sea como sea, aquí estaré para ver el siguiente capítulo y comentarlo con cualquier nazareno que esté dispuesto a escuchar.